Ser un amante Divino

Por Deborah Legorreta

"Tenía la capacidad de hacer sentir a cualquier mujer de entre 6 y 60 años de edad que él mirara como la única, como la más interesante y la más bella entre las otras muchas más que buscaran en ese momento la mirada de él, el más hermoso, poderoso y sensual "

 

Escribí este párrafo en un cuento hace ya muchos años para describir al gran amante protagonista de la historia. Los y las grandes seductores poseen esa cualidad que, según una querida amiga, es la esencia del mejor afrodisíaco del mundo: La mirada de un amante interesado e interesante. El amante divino te mira y al hacerlo, sube tu temperatura, te sonrojas, te sientes excitado pero sobre todo, te sientes visto. ¡Qué diferente es aquel que solo busca el espejo para reflejarse o peor aún, el objeto para calmar sus insatisfacciones de todo tipo a través del coito agresivo, obsesivo o irracional! Sin importar lo atractivo que sea, resulta un amante poco satisfactorio y por supuesto incapaz de hacerle el amor a una diosa o a un dios.

 

Para convertirte en un amante cuyo erotismo sea calificado como divino te sugiero seguir estas sencillas reglas:


Decálogo del Erotismo Divino.
 
1. Conocerás tus zonas erógenas
2. Asumirás tu propio placer
3. Tendrás fantasías eróticas
4. Serás osada(o)
5. Jugarás con tu pareja
6. Usarás la lengua hasta para decir lo que te gusta
7. Olvidarás tus prejuicios
8. Serás activa(o)
9. Serás creativa(o)
10. Mirarás a tu pareja como quieres ser mirada(o)
 
Dionisio, Eros, Psique o Afrodita eran dioses activos pero muy selectivos y sensibles en su erotismo. Cuando las leyendas nos narran que alguno de los dioses del Olimpo bajaban a la tierra para hacer el amor con algún(a) mortal, siempre se trataba de alguien muy valioso y elegido por tanto para ser el amante de un ser divino. Hacer el amor con una diosa o con un dios llevaba a ese mortal a convertirse también en un ser luminoso y privilegiado por lo que desde ese momento se sentía como aquellas mujeres vistas por el gran amante que describo al inicio: únicos, interesantes y bellos. Por tanto, además de sugerirte este sencillo decálogo, quisiera preguntarte si en tus encuentros eróticos te sientes y haces sentir al otro como ese ser único, valioso y bello. Si es así, ya eres un amante divino.

 

 

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