¿Naranja dulce o limón partido?

Por Deborah Legorreta

El tema de este mes nos lleva a reflexionar acerca de la relación con esa persona a la que consideramos ya sea en el pasado o actualmente como nuestra "media naranja".

 

La expresión popular se refiere a la complementariedad para tener un todo que debería ser la pareja y que en algunos casos afortunados llega a serlo. Son esas personas a quienes mencionamos sin dificultad en conjunto al planear alguna reunión social y que nos permiten mantener la fe en que es posible el amor duradero. Son las medias naranjas dulces, brillantes y jugosas de vida que endulzan a quienes rodean con sus sonrisas al mirarse el uno al otro, que nos dan el ejemplo de su apoyo mutuo en los momentos cuando uno de los dos pasa por un momento difícil y también son quienes ven a su pareja con orgullo cuando ésta o éste alcanzan algún éxito por más pequeño que sea. 

 

Así quisiéramos todos tener una pareja algún día y por ello en muchas ocasiones insistimos en aferrarnos a un limón partido, ácido y que nos provoca gastritis convencidas de que podría convertirse como por arte de magia en esa naranja dulce del amor verdadero. Los limones pasionales tienen el gran atractivo de parecerse mucho a la naranja amorosa. Nos dan la impresión de ser naranjitas inmaduras que algún día llegarán a ser dulces si tan solo esperamos con paciencia, pero el limón es limón y nunca se convertirá en naranja. En algunos casos, aún cuando la relación termina, hay personas obstinadas en fantasear con esta idea de que tal vez, con un poco más de calor, con el tiempo suficiente o con los mimos adecuados su limón partido se habría convertido en su media naranja y el recuerdo de esa relación pasada les impide seguir adelante, observar y probar con más detalle las relaciones nuevas con la idea de identificar desde el principio que se vea y sepa a su media naranja. Cuando una persona que ha vivido una relación pasada comprende esta diferencia, descubre casi de inmediato el sabor dulce o el ácido que le ofrece un nuevo candidato a pareja. Si ya tuvo la fortuna de experimentar el tener una media naranja y desafortunadamente la perdió, podrá amar en ese ser nuevo la esencia dulce de la persona amada en el pasado. Si, por el contrario, padeció la amargura limonosa, estará  preparada para detectar la naturaleza distinta de esta relación que aunque parezca amor, es otra cosa.  En este juego infantil consiste la sabiduría interior para poder aprender con cada relación amorosa: Saber identificar entre la naranja dulce y el limón partido.

 

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