A veces, también queremos pensar que la indagación puede comenzar en otro lugar porque esta tierra resulta infértil y aún así estamos muy equivocados. Y sin ir tan lejos, la exploración debe y tiene que empezar en nuestro interior.
Cuando una persona goza de buena auto estima, no sólo recibirá su media naranja, sino la naranja completa como acertadamente comenta Esther en su editorial. Esto nos indica que siempre debemos pedir más en cualquier ámbito de nuestra vida.
El trabajo interior del que hablo comienza por conocer nuestra propia historia y aceptarla. Se trata de observar desde otra perspectiva nuestra existencia, como un espectador que ve la película de su vida: el lugar de donde provenimos, la infancia que tuvimos, la relación de la que gozamos o no con nuestros padres y hermanos, de la relación actual que tenemos.
Esta fase es tan importante que nos ayudará a comprender por qué escogemos mal o nos comportamos de una manera u otra. Es abrir los ojos ante conductas o comportamientos que no toleramos desde el seno familiar y terminamos imitándolos o aceptándola en nuestra vida actual, en el trabajo, en la pareja, en los hijos.
Romper con estas cadenas o con ciertos patrones nos conducirán por el camino que realmente deseamos seguir. El trabajo es arduo y sinuoso pero la primera parte estará casi completa cuando empecemos a encontrar explicaciones y razones a nuestra forma de ser y de actuar. Hace unos días leía a Rosa Montero, una renombrada periodista española que escribía en su columna dominical sobre “Lo bueno y lo mal del sexo”, un tema que está plagado de tabús al igual que el de encontrar pareja. Y es que siempre estamos buscando la perfección en la otra persona y valdría la pena preguntarse si nosotros somos perfectos. |