"Se volvió hacia oriente y rezó a Dios. Luego descubrió un poco el cuerpo, se acostó junto a él, le besó la boca y el rostro y lo abrazó estrechamente; así, su cuerpo junto al de él, sus labios unidos a los de él, entregó su alma; murió junto a él, por el dolor que le dio su muerte"
Joseph Bédier
Isolda, Isolt, Iseult, Iseo, Yseult, Isode, Isotta, deriva de Adsiltia “la que es contemplada.”
Su dirección, el centro. Intercede en las cuentas, la amistad, la fertilidad, el amor, las relaciones y la sexualidad.
Su símbolo son los cristales y piedras blancos, las flores blancas, los objetos blancos.
El mito de Tristán e Isolda se remonta a la Inglaterra medieval, de origen celta, probablemente transmitido de forma oral desde tiempos inmemoriales. La historia de amor comienza con Tristán, el sobrino preferido y confidente del rey Marco o Mark de Cornualles.
El joven viaja a Irlanda, por petición del rey, para escoltar a la hermosa hija del rey irlandés Anguish, Isolda. Marco, el monarca, estaba tan enamorado de la joven que la mandó buscar para casarse con ella.
Muchas versiones de la historia relatan que fue durante el viaje de regreso cuando Tristán e Isolda se enamoraron. De manera accidental o con toda intención (las versiones varían), los dos bebieron una poción de amor, hecha originalmente por la madre de Isolda para el rey Marco con el fin de garantizar el amor eterno y reforzar su futuro matrimonio.
Aunque los jóvenes estaban enamorados perdidamente uno del otro, Isolda contrae matrimonio con el rey. Los amantes procuran verse y a pesar de su discresión, son descubiertos siendo Tristán desterrado, sin embargo éste vuelve para continuar su vida con Isolda.
Una y otra vez, los amantes son sorprendidos y perdonados hasta que al final, Tristán se muda lejos y se casa con otra mujer, también llamada Isolda. Al momento de su muerte, manda llamar a su verdadero amor, pero su esposa, le dice que ésta no llegará.
Cuando Isolda se hace presente, Tristán ya ha muerto, lo abraza y muere también en sus brazos.
Hija del rey de Irlanda y de una princesa Druida, Isolda es símbolo de encanto y vivacidad. De pasión, de constancia. Una encarnación del amor y de la vida que pulsan, que anhelan, que muestran que el amor verdadero es irónico y posible, a pesar de los obstáculos. Amor pasional y amor legítimo, amor vivo que mantiene, que crece, que florece, y que de ser necesario, en unión prevalece aún más allá de la muerte.