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Todo va bien
por algún tiempo, continúan la danza del enamoramiento.
La emoción del descubrimiento anestesia cualquier complejo, no
hay inhibiciones y no existen compromisos más importantes que agradar
al dios y a la diosa día tras día, hasta que llega el momento
en que están tan unidos que la danza se convierte en fricción
y así, poco a poco dejamos de ver al dios que habita con nosotras,
para dar paso al hombre común que vive comprometido con su trabajo
y algunas actividades individuales.
La costumbre
y la cercanía adormece a los dioses, han dejado de danzar juntos,
ahora son un hombre y una mujer bailando cada quién a su propio
ritmo y culpándose el uno al otro por haber roto la sincronía
que tenían.
No todo
está perdido. Recuerda que sigues siendo una diosa y tú
puedes ayudar a ese hombre a despertar al dios que es, él sigue
ahí, atrapado bajo capas y capas de presión, responsabilidad,
confusión, experiencia, quizás enfermedades, cambios físicos,
emocionales y silencios que a veces un hombre guarda. No es perfecto para
el mundo, pero quizás para tí si lo sea, por eso alguna
vez tu mirada de diosa lo descubrió como tu dios.
Invocando
a tu Dios
El hombre
primitivo y aún algunas tribus acostumbran llamar a su dios por
medio de la danza, y tú puedes hacer lo mismo. No es necesario
ser una experta en baile, porque la danza para llamar a tu dios debe nacer
de tu corazón, y tus movimientos deberán ser placenteros,
ondulantes, sinuosos e intencionados.
Sin importar
tu edad ó complexión física, disfruta del poder y
la gracia que puede transmitir tu cuerpo al efectuar movimientos tan bellos
y armónicos como los de la naturaleza.
Algunas
sugerencias para realizar tu danza
a) Prepara
un ambiente cálido: Una habitación limpia, ventilada y con
luz tenue será suficiente. Si te gusta crear escenarios puedes
añadir alguna cortina vaporosa y utilizar alguna vela aromática
para la iluminación.
b) Música:
Ante todo debe ser sensual y envolvente, en un tono agradable al oído.
Puedes escoger entre varios géneros: pop, new age, clásica,
de medio oriente, étnica, la que más te agrade y con la
que te identifiques para que sea un apoyo a tu expresión corporal.
c) Vestuario:
Utiliza tu creatividad, si te gusta disfrazarte, házlo! Compra
telas como gasas y sedas, y hazte un vestido sobrepuesto que envuelva
tu cuerpo pero permita entrever parte de él, de forma elegante
y sexy, digno de una diosa. Si lo prefieres puedes usar algún tipo
de lencería con la que te sientas atractiva y poderosa.
d) Maquillaje:
Debe ser lo más natural posible, que te dé una apariencia
fresca, jovial y llena de energía.
e) Baila
descalza.
Tus
movimientos
No puedo
darte aquí una clase de danza, pero te dejo algunos puntos importantes:
1. Siente
el ritmo desde los pies hasta la cabeza, cierra los ojos, escucha la música
y siéntela vibrar en tu alma.
2. Relaja
la mandíbula, relaja las manos, relaja todo el cuerpo y permite
que fluya al compás de la música.
3. Que tus
movimientos sean simples, definidos, suaves e intensos. Siéntete
una hoja moviéndose al viento, que tus caderas se muevan ondulantes
como el vaivén de las olas del mar, que tus brazos se conviertan
en alas de una bella mariposa o de un fino cisne que intenta emprender
el vuelo, dibuja con tus manos figuras en el aire, imita con tu torso
las ondulaciones de la serpiente en medio del desierto.
4. Exprésate
con la mirada, pon toda la intención en ella, permite que tu dios
adivine tus pensamientos cuando lo mires, sonríe seductoramente.
Puedes practicar
algunos días antes, y cuando te sientas lista, planea un tiempo
en que no sean interrumpidos por nadie. Sorprende a tu dios y sé
un oasis en el que él pueda deleitarse, disfrutar y descansar.
Recuerda,
al efectuar tu danza, sentirte hermosa, dueña de la situación...
Míralo a los ojos, cautívalo, atráelo e hipnotízalo.
Posiblemente
logres que el dios surja antes de que puedas terminar tu danza...
¡Felicidades!
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