Danzando en la búsqueda del Dios

Por AdiveJaneth

Y dejarás a tus padres por seguirle y se volverán uno...

 

Desde tiempos inmemoriales se nos anunciaba que en el transcurso de nuestra vida llegaría el momento en que nos separaríamos de nuestra familia y de todo aquello, que hasta antes de conocerle a "él", significó para nosotras nuestro mundo entero.

La mayoría de las mujeres sueñan con la llegada del príncipe azul, un joven apuesto que vendrá a rescatarlas y vivirán felices para siempre. El tiempo transcurre y un día sin previo aviso un rayo de luz ilumina tu vida, es una descarga eléctrica que invade los sentidos, las emociones se exaltan, el pensamiento se confunde y no puedes apartar la mirada de ese dios terrenal que se ha cruzado en tu camino, el cual, tiene el poder de convertirte en una criatura sencillamente encantadora.

Ambos inician la danza del cortejo mostrando lo mejor de sí mismos, parecen creados el uno para el otro, hay sincronía en movimientos, afinidad en objetivos, metas que podrían lograr porque han descubierto que se complementan, juntos conquistarán al mundo y alcanzarán el cielo.

 

Todo va bien por algún tiempo, continúan la danza del enamoramiento. La emoción del descubrimiento anestesia cualquier complejo, no hay inhibiciones y no existen compromisos más importantes que agradar al dios y a la diosa día tras día, hasta que llega el momento en que están tan unidos que la danza se convierte en fricción y así, poco a poco dejamos de ver al dios que habita con nosotras, para dar paso al hombre común que vive comprometido con su trabajo y algunas actividades individuales.

La costumbre y la cercanía adormece a los dioses, han dejado de danzar juntos, ahora son un hombre y una mujer bailando cada quién a su propio ritmo y culpándose el uno al otro por haber roto la sincronía que tenían.

No todo está perdido. Recuerda que sigues siendo una diosa y tú puedes ayudar a ese hombre a despertar al dios que es, él sigue ahí, atrapado bajo capas y capas de presión, responsabilidad, confusión, experiencia, quizás enfermedades, cambios físicos, emocionales y silencios que a veces un hombre guarda. No es perfecto para el mundo, pero quizás para tí si lo sea, por eso alguna vez tu mirada de diosa lo descubrió como tu dios.

 

Invocando a tu Dios

El hombre primitivo y aún algunas tribus acostumbran llamar a su dios por medio de la danza, y tú puedes hacer lo mismo. No es necesario ser una experta en baile, porque la danza para llamar a tu dios debe nacer de tu corazón, y tus movimientos deberán ser placenteros, ondulantes, sinuosos e intencionados.

Sin importar tu edad ó complexión física, disfruta del poder y la gracia que puede transmitir tu cuerpo al efectuar movimientos tan bellos y armónicos como los de la naturaleza.

 

Algunas sugerencias para realizar tu danza

a) Prepara un ambiente cálido: Una habitación limpia, ventilada y con luz tenue será suficiente. Si te gusta crear escenarios puedes añadir alguna cortina vaporosa y utilizar alguna vela aromática para la iluminación.

b) Música: Ante todo debe ser sensual y envolvente, en un tono agradable al oído. Puedes escoger entre varios géneros: pop, new age, clásica, de medio oriente, étnica, la que más te agrade y con la que te identifiques para que sea un apoyo a tu expresión corporal.

c) Vestuario: Utiliza tu creatividad, si te gusta disfrazarte, házlo! Compra telas como gasas y sedas, y hazte un vestido sobrepuesto que envuelva tu cuerpo pero permita entrever parte de él, de forma elegante y sexy, digno de una diosa. Si lo prefieres puedes usar algún tipo de lencería con la que te sientas atractiva y poderosa.

d) Maquillaje: Debe ser lo más natural posible, que te dé una apariencia fresca, jovial y llena de energía.

e) Baila descalza.

 

Tus movimientos

No puedo darte aquí una clase de danza, pero te dejo algunos puntos importantes:

1. Siente el ritmo desde los pies hasta la cabeza, cierra los ojos, escucha la música y siéntela vibrar en tu alma.

2. Relaja la mandíbula, relaja las manos, relaja todo el cuerpo y permite que fluya al compás de la música.

3. Que tus movimientos sean simples, definidos, suaves e intensos. Siéntete una hoja moviéndose al viento, que tus caderas se muevan ondulantes como el vaivén de las olas del mar, que tus brazos se conviertan en alas de una bella mariposa o de un fino cisne que intenta emprender el vuelo, dibuja con tus manos figuras en el aire, imita con tu torso las ondulaciones de la serpiente en medio del desierto.

4. Exprésate con la mirada, pon toda la intención en ella, permite que tu dios adivine tus pensamientos cuando lo mires, sonríe seductoramente.

Puedes practicar algunos días antes, y cuando te sientas lista, planea un tiempo en que no sean interrumpidos por nadie. Sorprende a tu dios y sé un oasis en el que él pueda deleitarse, disfrutar y descansar.

Recuerda, al efectuar tu danza, sentirte hermosa, dueña de la situación... Míralo a los ojos, cautívalo, atráelo e hipnotízalo.

Posiblemente logres que el dios surja antes de que puedas terminar tu danza...

 

¡Felicidades!

 

 

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